Vagos y maleantes:
Usted es un parado y, reconózcalo, un pelín vago: yo le incentivo para que busque trabajo bajándole el subsidio. Es usted funcionario y toma, ay pillín, demasiados cafelitos: comprenderá que encima no le vamos a pagar la extra… Señora, es muy longeva, no acaba de morirse, pero no pierda cuidado: nosotros le retiramos la ayuda en dependencia. ¿Que ustedes son adictos a las medicinas?: ahorita mismo les quito yo ese vicio con un copaguillo de nada. Ah, pero ¿también tú aspiras a vivir por encima de tus posibilidades comprándote una vivienda en propiedad?: eso lo arreglamos de inmediato eliminando la desgravación. Y encima os subo a todos el IVA por consumistas incontritos e irredentos a ver si aprendéis así un poquito de austeridad. ¡Pringados, picaruelos, pesados, maleantes! Tenéis lo que merecéis por haber llevado este país a la ruina. Si al menos tuvieseis la categoría de malversadores, de inútiles gestores de la cosa pública, de defraudadores al fisco de guante blanco, evasores fiscales de altos vuelos y lejanos paraísos, os perdonaría; sí, tendría tal vez que cesaros, pero os compensaría con otras regalías mirando hacia otro lado. Si fueseis propietarios de conventos, palacios, catedrales, ermitas, iglesias, obras de arte, podría eximiros al menos del IBI. Pero carecéis de altura, no tenéis grandeza. Si yo no fuera el presidente y no estuviera haciendo lo contrario de lo que os prometí y os tratara con el debido respeto, tampoco estaría poniendo la calle a vuestra disposición —agradecédmelo— para que vosotros podáis poner los gritos.— Benito Camacho Martín.
sábado, 21 de julio de 2012
No, hombre, no
No, hombre, no:
Leo en EL PAÍS que el ex presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, ha reclamado al pleno del Consejo la pensión indemnizatoria prevista para altos cargos del Estado que le reportarían 8.670 euros mensuales durante dos años, al margen de la pensión de jubilación que ya solicitó en diciembre pasado como magistrado jubilado.
No sería justo que se le concediera esa pensión indemnizatoria, no solo por los hechos que le obligaron a dimitir, ni por los agravios comparativos que suponen los recortes anunciados por el presidente Rajoy, sino también porque nadie entendería que este señor siguiera disfrutando de sus fines de semana caribeños con cargo a las arcas del Estado.— Manuel Navarro Seva.
Leo en EL PAÍS que el ex presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, ha reclamado al pleno del Consejo la pensión indemnizatoria prevista para altos cargos del Estado que le reportarían 8.670 euros mensuales durante dos años, al margen de la pensión de jubilación que ya solicitó en diciembre pasado como magistrado jubilado.
No sería justo que se le concediera esa pensión indemnizatoria, no solo por los hechos que le obligaron a dimitir, ni por los agravios comparativos que suponen los recortes anunciados por el presidente Rajoy, sino también porque nadie entendería que este señor siguiera disfrutando de sus fines de semana caribeños con cargo a las arcas del Estado.— Manuel Navarro Seva.
Las falsas promesas de los productos deportivos
Las falsas promesas de los productos deportivos: No hay evidencia científica de que productos como bebidas, suplementos o zapatos deportivos realmente mejoren el rendimiento físico.Los consumidores podrían estar "tirando su dinero" con la compra de estos productos, revela una investigación realizada por la British Medical Journal(BMJ) (Revista Médica Británica) y el programa Panorama de la BBC.La investigación analizó 431 afirmaciones que 104 productos deportivos hacen en sus anuncios publicitarios.El estudio publicado en BMJdice que hay "una asombrosa falta de evidencia" que apoyen estas afirmaciones sobre mejoras en el rendimiento y al recuperación física con estos productos.Según los científicos, es necesario llevar a cabo más estudios de calidad sobre esta "industria multimillonaria" para ofrecer mejor información a los consumidores.En el caso de Lucozade Sport, una de las bebidas deportivas más populares, el anuncio publicitario afirma que ésta "es un combustible para el rendimiento isotónico para hacerte más rápido, más fuerte, por más tiempo".Para comprobarlo, el doctor Carl Heneghan, quien dirigió el estudio en el Centro para Medicina Basada en Evidencia de la Universidad de Oxford, pidió a la empresa farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) -que produce la bebida- los detalles de los estudios científicos en los que se basaba esta afirmación.GSK entregó al investigador lo que los científicos llaman un "vaciado de datos", un exceso de información imposible de procesar: 40 años de investigaciones sobre productos Lucozade que incluían 176 estudios.La conclusión del doctor Heneghan fue que "la calidad de la evidencia es pobre, el tamaño del efecto es a menudo minúsculo y ciertamente este efecto no se aplica a la población general que es la que compra estos productos"."Básicamente, cuando observas la evidencia en la general población, ésta no muestra que el ejercicio o el rendimiento se mejore con las bebidas de carbohidratos" agrega.GSK respondió al estudio afirmando que "más de 40 años de investigación y 85 estudios revisados por pares han apoyado el desarrollo de Lucozade Sport y todas nuestras afirmaciones están basadas en evidencia científica revisada y apoyada por la Autoridad Europea de Seguridad de Alimentos"."Como leche costosa"GSK también es el fabricante de la gama de suplementos deportivos Maxinutrition, los cuales son avalados por varios atletas reconocidos.Según GSK estos suplementos contienen el tipo de aminoácidos de cadena ramificada que se encuentran en la proteína muscular.Estos aminoácidos, dice la empresa, "ayudan a los atletas a recuperarse más rápido después del ejercicio intenso".Pero los investigadores no encontraron evidencia que apoye esa afirmación."La evidencia no se acumula y la calidad de esa evidencia no nos permite decir que estos productos mejoren el rendimiento o la recuperación y que deban usarse ampliamente" dice el doctor Heneghan.Por su parte, Mike Lean, profesor de nutrición de la Universidad de Glasgow, Escocia, afirma que el mercado de suplementos deportivos es "otro accesorio de moda para el ejercicio... y es una forma bastante cara de obtener un poco de leche".GSK responde que "mantenemos nuestra posición sobre la evidencia de que los aminoácidos ramificados pueden mejorar el rendimiento o la recuperación".Zapatos sin evidenciaY en el caso de los zapatos deportivos, el equipo de Oxford revisó las afirmaciones que hace Puma de que su calzado -que avala el campeón olímpico Usain Bolt- está "diseñado para... minimizar las lesiones, optimizar el confort y maximizar la velocidad".El doctor Heneghan señala que su equipo no encontró evidencia que apoye esa afirmación y Puma declinó entregar a su equipo algún estudio que compruebe que sus zapatos cumplan esa afirmación."Esto realmente debería estar apoyado por evidencia de buena calidad" dice el científico."No puedo entender cómo se llegó a esa afirmación. Y si no se tienen investigaciones, ¿cómo se pueden hacer esas afirmaciones?" agrega.Puma, por su parte, declinó responder a la BBC sobre el estudio.El profesor Benno Nigg, de la Universidad de Calgary en Canadá ha estado investigando la biomecánica de las carreras durante más de 40 años.El pensamiento convencional, dice el experto, es que el amortiguamiento y el control son la clave para los beneficios de los zapatos deportivos en la salud.Pero estudios recientes han comprobado que esta idea es incorrecta y no hay diferencias en las tasas de lesiones en los corredores que usan zapatos estructurados para controlar cómo aterriza el zapato durante la carrera."Los indicadores más importantes sobre el riesgo de una lesión son la distancia, el tiempo de recuperación, la intensidad y ese tipo de cosas" afirma el doctor Nigg."Los zapatos están en un lugar muy, muy por detrás en la lista de responsables"."Todo lo que usted necesita es poder encontrar un zapato deportivo con el cual pueda disfrutar su actividad y con el que se sienta cómodo"...
domingo, 1 de julio de 2012
Recortes en educación
Recortes en educación:
Ante los drásticos recortes en educación, sería razonable pensar que todos los servicios sufragados con fondos públicos debieran verse afectados en mayor o menor medida. Pero, al tiempo que asistimos a una reducción considerable del presupuesto de educación, somos también testigos de la inyección de miles de millones de euros por parte del Estado a algunas instituciones financieras que han cometido flagrantes errores, y a las que no se les pide especiales requisitos para recibir una ingente ayuda de dinero público. Esto vendría a decir que el Estado dispone de crédito, pero ha decidido que es mejor destinarlo al salvamento de algunos bancos, antes que al sostenimiento de la educación pública.
Semejante decisión pone de manifiesto un desinterés por el sistema público de educación, que parece derivar de la falta de confianza en él por parte de nuestros gobernantes. Así lo ha dicho expresamente la portavoz de educación del partido en el Gobierno, Sandra Moneo. El propio ministro de educación se ha referido en varias ocasiones al hecho de que se ha invertido mucho en educación sin que se hayan visto resultados válidos, dando por hecho que se ha malgastado el dinero.
Más que obligados por la coyuntura económica, nuestros gobernantes parecen movidos por una decisión tomada de antemano para cambiar nuestro sistema educativo. Tal como sostiene el Nobel de Economía Paul Krugman con relación a las políticas de austeridad, “la recuperación económica nunca ha sido el objetivo; la defensa de la austeridad siempre ha pretendido utilizar la crisis, no resolverla”. Así, no sería la crisis económica la razón primera de los recortes, sino que estos serían el acompañamiento coyuntural de una política educativa que no confía en el valor de la enseñanza pública. No estaríamos ante una reducción temporal del presupuesto educativo, sino ante una reforma educativa de largo alcance, cuyos rasgos distintivos serían la brusca reducción del gasto público asignado y la negativa a llamarla por su nombre.— Salvador Medina.
Ante los drásticos recortes en educación, sería razonable pensar que todos los servicios sufragados con fondos públicos debieran verse afectados en mayor o menor medida. Pero, al tiempo que asistimos a una reducción considerable del presupuesto de educación, somos también testigos de la inyección de miles de millones de euros por parte del Estado a algunas instituciones financieras que han cometido flagrantes errores, y a las que no se les pide especiales requisitos para recibir una ingente ayuda de dinero público. Esto vendría a decir que el Estado dispone de crédito, pero ha decidido que es mejor destinarlo al salvamento de algunos bancos, antes que al sostenimiento de la educación pública.
Semejante decisión pone de manifiesto un desinterés por el sistema público de educación, que parece derivar de la falta de confianza en él por parte de nuestros gobernantes. Así lo ha dicho expresamente la portavoz de educación del partido en el Gobierno, Sandra Moneo. El propio ministro de educación se ha referido en varias ocasiones al hecho de que se ha invertido mucho en educación sin que se hayan visto resultados válidos, dando por hecho que se ha malgastado el dinero.
Más que obligados por la coyuntura económica, nuestros gobernantes parecen movidos por una decisión tomada de antemano para cambiar nuestro sistema educativo. Tal como sostiene el Nobel de Economía Paul Krugman con relación a las políticas de austeridad, “la recuperación económica nunca ha sido el objetivo; la defensa de la austeridad siempre ha pretendido utilizar la crisis, no resolverla”. Así, no sería la crisis económica la razón primera de los recortes, sino que estos serían el acompañamiento coyuntural de una política educativa que no confía en el valor de la enseñanza pública. No estaríamos ante una reducción temporal del presupuesto educativo, sino ante una reforma educativa de largo alcance, cuyos rasgos distintivos serían la brusca reducción del gasto público asignado y la negativa a llamarla por su nombre.— Salvador Medina.
Proyecto loable, misión imposible
Proyecto loable, misión imposible:
El flamante, aunque interino, nuevo presidente del CGPJ se ha apresurado a declarar que su principal tarea va a consistir en restaurar la deplorable imagen que la Justicia tiene entre los ciudadanos de este país. Proyecto loable.
Pero para ello tendría que acometer la misión, a mi juicio imposible de justificar de forma convincente el que, una vez conocidos los hechos, solo cinco de los 20 vocales del Consejo pidieran la dimisión de su antecesor y, lo que es más estremecedor aún, que siete de ellos pidieran la dimisión del denunciante. Parece que este país no consigue quitarse de encima, entre otras cosas, este corporativismo cerril, casposo y suicida, típica seña de identidad del oscurantismo de una dictadura y radicalmente incompatible con la transparencia de una democracia consolidada.
Resulta sorprendente la cantidad de individuos con responsabilidades de gobierno en diversos ámbitos del Estado que parecen no entender que las instituciones que asumen y encubren las conductas indignas de sus miembros, se convierten, indefectiblemente, en instituciones indignas. Especialmente en estos tiempos, sería bueno no olvidar que la imagen de un país serio y fiable no depende solamente de la salud financiera de sus bancos.— José Nieto.
El flamante, aunque interino, nuevo presidente del CGPJ se ha apresurado a declarar que su principal tarea va a consistir en restaurar la deplorable imagen que la Justicia tiene entre los ciudadanos de este país. Proyecto loable.
Pero para ello tendría que acometer la misión, a mi juicio imposible de justificar de forma convincente el que, una vez conocidos los hechos, solo cinco de los 20 vocales del Consejo pidieran la dimisión de su antecesor y, lo que es más estremecedor aún, que siete de ellos pidieran la dimisión del denunciante. Parece que este país no consigue quitarse de encima, entre otras cosas, este corporativismo cerril, casposo y suicida, típica seña de identidad del oscurantismo de una dictadura y radicalmente incompatible con la transparencia de una democracia consolidada.
Resulta sorprendente la cantidad de individuos con responsabilidades de gobierno en diversos ámbitos del Estado que parecen no entender que las instituciones que asumen y encubren las conductas indignas de sus miembros, se convierten, indefectiblemente, en instituciones indignas. Especialmente en estos tiempos, sería bueno no olvidar que la imagen de un país serio y fiable no depende solamente de la salud financiera de sus bancos.— José Nieto.
Tropelías
Tropelías:
Asisto estupefacto ante la última fechoría cometida por el Gobierno de turno con la que nos quieren volver a cobrar los medicamentos sin importar las verdaderas necesidades de las personas a las que afecta esta medida. Última tropelía llevada a cabo por un Gobierno que aunque las estadísticas digan lo contrario, sólo votó un tercio de la población española que podía hacerlo.
El estado de indefensión en el que nos encontramos los ciudadanos está llegando a ser asfixiante por lo que uno no puede dejar de hacerse una pregunta: ¿Para qué queremos el Estado? Todas las instituciones que configuran el Estado se han convertido en un mecanismo para defender los intereses de los poderosos, de los poderes económicos, de los bancos... A costa de la negación de los derechos más básicos al conjunto de los ciudadanos, de exigirles esfuerzos que no pueden llevar a cabo, de despreciar sus capacidades tanto laborales como cívicas pues estamos hartos de escuchar que todos somos unos vagos que queremos cobrar mucho por trabajar nada y que encima somos unos defraudadores de unos derechos que nos hemos ido cargando por el mal uso, como la sanidad y la educación. Ante esta nueva agresión no puedo dejar de plantearme que el verdadero problema es el Estado y su servidumbre a un poder económico que no es más que el gran mal de la humanidad.
Para terminar quiero mostrar mi total admiración por los mineros que en estos días nos están dando lecciones de ciudadanía, valor y democracia.— Eduardo Vizuete Vera.
Asisto estupefacto ante la última fechoría cometida por el Gobierno de turno con la que nos quieren volver a cobrar los medicamentos sin importar las verdaderas necesidades de las personas a las que afecta esta medida. Última tropelía llevada a cabo por un Gobierno que aunque las estadísticas digan lo contrario, sólo votó un tercio de la población española que podía hacerlo.
El estado de indefensión en el que nos encontramos los ciudadanos está llegando a ser asfixiante por lo que uno no puede dejar de hacerse una pregunta: ¿Para qué queremos el Estado? Todas las instituciones que configuran el Estado se han convertido en un mecanismo para defender los intereses de los poderosos, de los poderes económicos, de los bancos... A costa de la negación de los derechos más básicos al conjunto de los ciudadanos, de exigirles esfuerzos que no pueden llevar a cabo, de despreciar sus capacidades tanto laborales como cívicas pues estamos hartos de escuchar que todos somos unos vagos que queremos cobrar mucho por trabajar nada y que encima somos unos defraudadores de unos derechos que nos hemos ido cargando por el mal uso, como la sanidad y la educación. Ante esta nueva agresión no puedo dejar de plantearme que el verdadero problema es el Estado y su servidumbre a un poder económico que no es más que el gran mal de la humanidad.
Para terminar quiero mostrar mi total admiración por los mineros que en estos días nos están dando lecciones de ciudadanía, valor y democracia.— Eduardo Vizuete Vera.
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