«Cuando te quitan una tilde es como si te amputaran un dedo»
«Todo está justificado», sostiene este catedrático de la Universidad de León a la hora de enjuiciar los cambios introducidos en la concluida «Ortografía del español», cuyo equipo redactor coordina. Y subraya la coordinación entre academias: «Esto es el Concilio Vaticano II de las palabras».
07/11/2010 E. Gancedo | León
- Gutiérrez es catedrático de Lingüística General.
e. naranjo
Después de tanto trabajo, a lo único que aspira Salvador Gutiérrez es a tomarse unos días de descanso en León. Académico de la RAE, donde dirige el departamento de Español al Día, catedrático de Lingüística General en nuestra Universidad, coordina el equipo redactor de la renovada Ortografía de la lengua española que saldrá publicada en diciembre.
-El anuncio de la inminente aparición de la nueva «Ortografía del español» ha causado una enorme expectación ¿La esperaba?
-No esperaba que fuera tanta, es verdad. Pero si lo pensamos bien, y está mal que yo lo diga, nos encontramos ante una obra monumental, muy trabajada, muy pensada, muy elaborada, que tendrá efectos cotidianos e inmediatos. Recordemos que hemos pasado de una ortografía de 150 páginas a otra de 850. Antes no había una reflexión teórica, una explicación razonada de las normas incluidas.
-¿Podemos decir que los cambios que contempla son «de aplicación inmediata»?
-Pues sí, porque una vez que se publique esta obra, que complementa a la Gramática, y de la que también haremos una edición básica, entra directamente en la enseñanza a través de los libros de texto.
-Costará acostumbrarse a algunos de ellos...
-Claro, porque la reforma de la ortografía afecta más que otras reformas. Fíjate por ejemplo el Padrenuestro , que ha sufrido diversas modificaciones pero sin tanta repercusión cotidiana. Pero sí, parece que te quitan una tilde y es como si te quitaran un dedo... yo ahora, cuando escribo guion, parece que se me va la mano sola para ponerla. Es un código cultural que tenemos metido a sangre y fuego porque lo aprendimos cuando éramos pequeños y se ha convertido en un automatismo.
-¿Cuál ha sido el principal objetivo de esta ortografía?
-Estamos ante una obra normativa, donde los problemas y contradicciones, las «sombras» que se venían arrastrando se abordan de una manera explícita, argumentada e incluyendo ejemplos históricos y literarios. Veo, por ejemplo, que la gente se ha quedado con supresiones o innovaciones un poco tontas cuando en realidad caían por su propio peso... La coherencia de esta nueva obra es inmensa.
-¿Por ejemplo?
-«Ch» y «ll» están formadas por dos letras, no una («dígrafos»). Eso ya se había contemplado en la ortografía de 1999, pero en las discusiones precedentes dos academias se habían mostrado en contra, así que aquella edición, a pesar de hablar de ellas como dígrafos, las incluía en la lista. Y eso es una contradicción. ¡Han hecho falta tres congresos para acabar con la «che» y la «elle»!
-¿Y la «y griega», perdón, la «ye»?
-También hay precedentes de su uso y se había registrado en la ortografía de 1999. Estamos ante una consonante, pues sólo es vocal en la «y» copulativa, decimos por ejemplo «ya», «ye», «yi», «yo», «yu», y las palabras derivadas de ella contienen ese nombre, como «yeísmo». Lo que hemos hecho ha sido unificar los nombres de las letras en toda la comunidad hispanohablante, porque no estamos solo nosotros, hay que contar con las 22 academias americanas. «Be alta» para la «b», «be baja» o «be suave» para la «v», como se dice en muchos países... todo eso desaparece, pero fruto de mucho trabajo de coordinación. ¡Esto es como el Concilio Vaticano II de la ortografía!
-¿Y qué me dice del solo y su tilde, o de la palabra «guion»?
-Como digo, la mayoría de las cosas han caído por su propio peso y siempre nos hemos preocupado por aplicar la lógica. Ya se había dicho que la tilde en «o» era opcional, y es que en realidad no tiene razón de ser diferenciar sus dos usos. Es lo mismo con el «éste», «aquél» en calidad de pronombres. Ante la duda, lo mejor es suprimir la tilde. En cuanto a -«guion», pertenece a ese grupo de palabras que se pueden pronunciar con o sin diptongo, por ejemplo, en México (cien millones de hispanohablantes, recordemos) lo pronuncian siempre «guion», sin separar ambas vocales, como monosílabo. Repito que se han tenido en cuenta a todos los países hispanohablantes para elaborar esta obra, que presentaremos el 28 de noviembre en la Feria de Guadalajara.
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